Publicado: March 2009
Hemeroteca

Jiuzhaigou, China
La Reserva Natural de Jiuzhaigou recibe cada día miles de visitantes atraídos por la belleza de su naturaleza prístina y sus aguas cristalinas.
Por Edward Hoagland
Fotografías de Michael Yamashita
Jiuzhaigou significa «valle de las nueve aldeas», porque así fue en otro tiempo. Pero hoy hay otras cifras más importantes: alrededor de 80 hoteles se agrupan a la entrada de un valle en forma de Y, de 30 kilómetros de largo, situado en los montes Min del centro de China, donde 280 autocares aguardan para llevar a los 18.000 visitantes del día por la hermosísima ruta que recorre una cadena de lagos semejantes a guirnaldas de flores de colores y cascadas que se extienden como largos dedos sobre la montaña, bajo escarpadas paredes donde crecen bosques de arces, de abetos y de bambú. (Si la visibilidad lo permite, sólo son 40 minutos de vuelo desde Chengdu, capital de la provincia de Sichuan, situada muy cerca de algunos de los principales lugares donde surgió la civilización china hace 3.000 años.) Hay pasarelas de madera entre los lagos y riachuelos invadidos de juncos, y los autocares se detienen para que los turistas paseen a su aire. Luego hacen cola para tomar otro autocar y continuar el recorrido.Los glaciares esculpieron los dos valles que confluyen en el valle de Shuzheng (el Zechawa y el Rize, cuyos puntos de mayor altitud alcanzan los 3.000 metros) y les dieron la típica forma de U, con paredes que desanimarían a cualquier escalador inexperto. La geología de esa parte de la meseta del Tibet es la propia de un antiguo lecho marino. La piedra caliza del suelo, al disolverse, tiñe las aguas de tonos esmeralda o turquesa, según la luz, o intensifica el reflejo azul del cielo. Lea el artículo completo en la revista
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