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Publicado: February 2009

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Darwin, en busca de una teoría

Darwin, en busca de una teoría

Antes de llegar a las islas Galápagos, Charles Darwin tuvo ocasión de explorar un campo de fósiles en la costa argentina. Fue allí donde el naturalista británico halló los primeros indicios que más tarde le permitirían formular su teoría sobre el origen y la evolución de las especies. En su diario de viaje escrito a bordo del Beagle se atisban ya las claves de la mayor revolución en la historia de la ciencia.

Por David Quammen

Este año es el 150 aniversario del libro más incendiario de la historia de la ciencia, y el bicentenario del nacimiento del inglés que lo escribió. Charles Darwin no inventó la idea de la evolución, como tampoco Abraham Lincoln, que cumplía años el mismo día, el 12 de febrero, inventó la idea de libertad. Lo que aportó Darwin en «El origen de las especies» fue una poderosa teoría sobre cómo podía producirse la evolución por mecanismos puramente naturales, lo que dio a los científicos libertad para explorar la gloriosa complejidad de la vida, en lugar de aceptarla como un misterio impenetrable. «Nada tiene sentido en biología, excepto a la luz de la evolución», escribió hace 36 años el genetista Theodosius Dobzhansky. Esa luz, que empezó como un fulgor en la mente de un joven naturalista a bordo del H.M.S Beagle, es hoy tan resplandeciente que nos permite leer el texto mismo de la vida. Darwin estaría encantado de descubrir lo mucho que no sabía, y lo mucho que aún nos queda por aprender. El viaje del joven Charles Darwin a bordo del H.M.S. Beagle, buque de la marina real británica, entre 1831-1836, es uno de los episodios más conocidos y mitificados de la historia de la ciencia. Según las crónicas, Darwin se embarcó en el Beagle en calidad de naturalista, visitó el archipiélago de las Galápagos en el Pacífico oriental, y allí observó tortugas gigantes y pinzones. Las diversas especies de pinzones se distinguían por la forma del pico, lo que hacía pensar en adaptaciones a dietas diferentes. Las tortugas presentaban diferencias, de una isla a otra, en la forma del caparazón.Lea el artículo completo en la revista


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