Accesos rápidos


Publicidad


Hemeroteca

Ballenas, gigantes del océano

Imagen

Ballenas, gigantes del océano

Brian Skerry

Contenido del artículo

Las colisiones con barcos y los aparejos de pesca han diezmado el número de ballenas francas septentrionales. Pero en aguas australes, la población de sus parientes del hemisferio Sur va en aumento.

Por Douglas H. Chadwick, Diciembre de 2008

Se sumergen 180 metros y rozan el fondo del mar con las excrecencias de piel verrugosa que tienen en la cabeza, a veces nadando en posición invertida. Imponentes como galeones hundidos, y de sangre caliente, contienen la respiración en las profundidades más frías y oscuras, mientras las mayores mareas de la Tierra avanzan a su alrededor. Allí, en el fondo del mar, abren la enorme boca y dejan que la comida entre en sus fauces arrastrada por la corriente. Ésta es una de las maneras de alimentarse que tienen las ballenas francas septentrionales en la bahía de Fundy, entre Maine, Nuevo Brunswick y Nueva Escocia. O al menos eso creen los expertos tras haber observado que estos gigantes de entre 40 y 70 toneladas emergen a la superficie con fango en la cabeza. Aunque también nos advierten de que podría ser el resultado de otra actividad sobre la que ninguno se ha atrevido aún a especular.La ciencia llama a este animal Eubalaena glacialis, la «ballena buena, o verdadera, del hielo». El nombre común está cargado de ironía: ballena franca. Los balleneros le dieron este nombre porque es confiada, no se esconde y es fácil de cazar. Prefiere las aguas someras de la costa, pasa cerca de los puertos, nada lentamente y suele permanecer bastante tiempo cerca de la superficie. Estas características hicieron de ella una presa fácil de arponear. Además, su pesca se ve favorecida por el hecho de que, una vez muerta, suele flotar gracias a su gruesa capa de grasa, que los balleneros transformaban en aceite. E. glacialis, la primera de las grandes ballenas en ser cazada comercialmente, alimentó las lámparas del Viejo Mundo desde la Alta Edad Media y durante todo el Renacimiento. En el siglo XVI los europeos ya habían exterminado la población oriental del Atlántico Norte y se dirigieron entonces a las costas de América del Norte. Lea el artículo completo en la revista

Utilidades

  • Meneame

Comentarios


Te recomendamos este artículo Cerrar

Contaminación lumínica: el final de la noche

Preocupados por diluir la oscuridad de la noche con luz artificial, hemos «contaminado» nuestros cielos nocturnos vaciándolos de estrellas.

National Geographic España

Viaje al interior del Cerebro

Viaje al interior del Cerebro


Suscríbete