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Publicado: October 2008

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Moscú de noche

Moscú de noche

Al caer el sol, la capital rusa entra en ebullición. En los selectos clubes nocturnos se dan cita las grandes fortunas del país, mientras en la calle el vodka y la pobreza se ceban con los menos afortunados.

Por Martin Cruz Smith
Fotografías de Gerd Ludwig

A medianoche la ciudad es una brillante celosía de luces que incluye la cúpula dorada de la catedral de Cristo Salvador, el horror estalinista del hotel Ucrania y la oscura curva del río Moscova. Río abajo, los focos de las construcciones en permanente actividad penden en el aire mientras el acero y el cemento desaparecen. El trajín del día ha cesado. La noche trae consigo claridad, y las luces dibujan el futuro. En las Colinas del Gorrión, en cambio, todas las miradas estaban puestas en una concentración de motos no autorizada: brillantes motos japonesas, robustas Vostoks rusas, Ducatis Monster, Harleys con los tubos de escape cromados y pulidos. Motoristas y admiradores abarrotaban la explanada para contemplar unas máquinas que se exhibían con el aire despreocupado de una estrella de cine. Bastaba con que una Harley carraspeara para provocar la excitación de la multitud.Algunas motos estaban tan modificadas que costaba determinar cuál era el modelo original. Una Ural que antes transportaba sacos de patatas en el sidecar se había transformado ahora en un depredador negro mate erizado de cohetes y ametralladoras, aunque, dado que los cañones de las ametralladoras eran patas de silla, y las empuñaduras, muletas, el efecto resultaba más teatral que amenazador. Lo mismo cabía decir de los motoristas, pese a la exhibición de cuero y tachuelas. Pregunté a un tipo con el cráneo afeitado a qué se dedicaba durante el día. «A dormir», respondió con un gruñido. A lo que su novia añadió: «Fievel es programador informático».Empollón de día, bandido de noche. Lea el artículo completo en la revista


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