Publicado: July 2008
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Visiones del Altiplano
La elevada meseta andina, el lugar donde Bolivia toca el cielo, es un lugar de superlativos, un reino de otro mundo.
Por Alma Guillermoprieto
Fotografías de George Steinmetz
El Altiplano de América del Sur es un lugar de superlativos: contiene el lago navegable más alto del mundo, el Titicaca, y la mayor llanura de sal, el salar de Uyuni. Después del Tibet, es la segunda altiplanicie más grande del mundo, un paisaje de hielo y fuego, de viento y sal que se extiende desde el norte de Argentina hasta las ásperas planicies de Perú. Más elevado que muchos picos de los Alpes, el Altiplano se formó cuando una colisión entre el suelo oceánico del Pacífico y el continente sudamericano levantó dos sierras andinas que flanquean una cuenca llana situada a gran altitud. Hacia el borde meridional del Altiplano, donde se juntan Bolivia, Chile y Argentina, la lava es expulsada a borbotones por imponentes volcanes, a cuyos pies, en las orillas de lo que en otro tiempo fue un vasto lago que llenaba la cuenca, pequeños volcanes de lodo erupcionan y sisean a través del suelo helado. Tal vez no exista en la Tierra otro paisaje que nos recuerde más vívidamente que hubo una época anterior al ser humano. El tiempo se difumina desde un todoterreno que cruza veloz el Uyuni, ese cegador espejo de sal, y cuando la luna se alza justo por el punto del horizonte opuesto al del sol poniente, la eternidad parece cercana. Pocos árboles sobreviven en estas extensiones batidas por el viento, y pocas cosechas pueden arrancarse a este suelo. Pero este paisaje lleno de ecos está habitado por chinchillas y vicuñas, alpacas y llamas, zorros y grandes bandadas de flamencos, que hacen de los lagos salados de la región sus lugares de cría. Lea el artículo completo en la revista
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