Publicado: Julio 2008
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El auténtico Parque Jurásico
Ésta es la historia de una columna de roca hallada en la cuenca de Junggar, en el noroeste de China, un lugar rico en fósiles de dinosaurios. Los restos de cinco pequeños ejemplares que murieron al quedar atrapados, uno encima de otro, en un pozo de fango desvelan los primeros pasos evolutivos que millones de años después darían lugar a Tyrannosaurus rex y a otros colosos del cretácico.
Por Peter Gwin
Fotografías de Ira Block
Tal vez el aullido de un animal moribundo atrajo al dinosaurio a la trampa, o quizá fue el olor de la carne en descomposición. Cualquiera que fuera el señuelo, el depredador olvidó a su presa en cuanto entró en la ciénaga. Durante un buen rato se debatió en vano en el fango, pero sus patas no pudieron alcanzar el fondo. Poco a poco el animal aceptó su suerte, pero no sin antes atraer al pozo a un segundo depredador, que se sumó a la trampa mortal. Con el tiempo el barro se convirtió en piedra, y sirvió de sarcófago a sus víctimas, apiladas una encima de otra durante 160 millones de años.Ésta es la historia contenida en una columna de roca hallada en la cuenca de Junggar, en el noroeste de China. Pero esa columna sólo es una parte de una extraordinaria colección de fósiles excavada en los últimos siete años por los paleontólogos James Clark y Xu Xing con el apoyo de National Geographic Society. Sus hallazgos están arrojando luz sobre un período poco conocido de la historia geológica de la Tierra: una época que duró diez millones de años (más o menos de 165 a 155 millones de años atrás) y que vio la separación de los continentes y una explosión evolutiva de los dinosaurios. La división de las masas continentales hizo que las poblaciones de animales quedaran aisladas unas de otras, y la familia de los dinosaurios produjo una profusión de ramas nuevas que, con el tiempo, dieron lugar a muchos grupos de dinosaurios, como los ceratópsidos, los estegosaurios y los tiranosaurios. Pero la escasez de fósiles terrestres de ese período dificultaba el trabajo científico. «Podíamos rastrear la ascendencia de esos grupos hasta ese período, pero ahí les perdíamos la pista», dice Clark, catedrático de la Universidad George Washington. Lea el artículo completo en la revista
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