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Publicado: April 2008

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Roma y los bárbaros

Roma y los bárbaros

¿Qué fueron exactamente las llamadas «invasiones» bárbaras y cómo provocaron la caída del Imperio romano? ¿Eran realmente aquellos pueblos tan crueles e incivilizados como se dice?

Por Alessandro Barbero

Siglos oscuros: de este modo calificamos a menudo el período histórico de la decadencia y el hundimiento del Imperio romano de Occidente. Y utilizamos el término «invasiones bárbaras» para referirnos a aquellas gigantescas migraciones de gentes que, procedentes del norte y el este de Europa, lograron introducirse en el seno del Imperio. Pero los historiadores afirman que no se trató de una irrupción de brutales y salvajes extranjeros. Romanos y bárbaros se conocían desde hacía siglos; junto a episodios de guerra abierta y declarada se dieron largos períodos de relación pacífica, intercambios comerciales y hasta incluso alianzas. La fe cristiana compartida fue un poderoso factor de integración. Y los propios reyes bárbaros, tras haber conquistado el Imperio, se proclamaron herederos del legado romano. A lo largo del tiempo, desde que se produjeron los primeros contactos de los romanos con las tribus germánicas hasta el alba del nuevo milenio, hubo desencuentros y efectos devastadores, pero ninguno de ellos impidió el nacimiento de una civilización que uniría el continente entero. Discutimos a menudo sobre la identidad europea, sobre la importancia decisiva de las raíces grecorromanas o de las judeocristianas, pero a veces olvidamos que Europa es también hija de los bárbaros. Hablar de Roma y de los bárbaros es evocar la imagen de dos mundos contrapuestos y hostiles. Y sin embargo, ¡también en sus inicios los romanos fueron bárbaros! De hecho, fueron los griegos quienes inventaron el concepto de bárbaro: aquel que no era griego y que, por tanto, no hablaba la lengua helénica, sino que balbuceaba una jerga incomprensible. Para los civilizados atenienses, el hecho de que estos bárbaros fueran persas llegados de Oriente o romanos procedentes del oeste, era un detalle insignificante. En la época de las guerras púnicas Catón todavía despotricaba con ira contra los griegos «que nos llaman bárbaros».Lea el artículo completo en la revista


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