Publicado: Marzo 2008
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Islandia, el debate energético
Un proyecto para generar energía obliga a los islandeses a elegir entre la protección del entorno o el crecimiento económico.
Por Marguerite Del Giudice
Fotografías de Jonas Bendiksen
Para entender Islandia hay que tener en cuenta dos cosas: lo reducido de la población y su carácter isleño. Uno tiene la sensación de que en esa remota isla subártica todos se conocen, o al menos pueden estar relacionados entre sí (por algún grado de parentesco, amigos comunes, profesión, etcétera) en mayor o menor medida. Imaginemos un país de 310.000 habitantes, concentrados en su mayoría en Reykjavík, una moderna capital europea conocida por sus cafés, bares nocturnos y música en directo. Todos los trabajos buenos están allí, y las probabilidades de encontrarte con un conocido son tan altas, que es muy difícil tener un lío amoroso sin que te descubran, como ha señalado un observador.«Somos una sociedad altamente interconectada», me dijo el jefe de redacción de un periódico, de sesenta y tantos años. La consecuencia de vivir en lo que al fin y al cabo es una ciudad pequeña en una isla en medio de la nada, con genealogías que se remontan generaciones hasta los orígenes mismos del mito de los vikingos (un acervo genético de una pureza que hace las delicias de los biólogos moleculares), es que todo funciona un poco como en una gran familia. «En cuanto abres la boca me comentó alguien, todos se te echan encima.» Por eso, aunque en muchos aspectos Islandia es una sociedad abierta y diáfana, hay entre la gente una discreción subyacente cuando se habla de política o de decisiones que afectan a la vida pública. Como, por ejemplo, lo que debería hacer el país para lograr un equilibrio entre la protección del medio ambiente y el crecimiento de su economía.Lea el artículo completo en la revista
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