Publicado: February 2008
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Los hazara, pueblo olvidado de Afganistán
La educación y el trabajo duro son prioridades para los hazara, pero su fe chiita y sus rasgos asiáticos los han convertido en un pueblo marginado y oprimido. ¿Será mejor su vida tras el régimen talibán?
Por Phil Zabriskie
Fotografías de Steve McCurry
En el corazón de Afganistán hay un espacio vacío, una llamativa ausencia donde antes se erguía el mayor de los colosales budas de Bamiyan. En marzo de 2001 los talibanes estuvieron varios días disparando a las estatuas, luego colocaron cargas explosivas en su interior y las explosionaron. Los budas habían estado contemplando Bamiyan durante unos 1.500 años. Bajo sus ojos pasaron mercaderes de la Ruta de la Seda y misioneros de diversas religiones. Ante ellos desfilaron emisarios de grandes imperios (mongoles, safawíes, británicos, soviéticos) que a menudo dejaron huellas sangrientas. Un país llamado Afganistán tomó forma. Sucesivos regímenes accedieron al poder y cayeron o fueron derrocados. Las estatuas pervivieron a todos ellos. Pero los talibanes veían a los budas simplemente como ídolos no islámicos, herejías esculpidas en la piedra. No les importaba la opinión del mundo. No temían un aislamiento aún mayor. La destrucción de las estatuas fue una devota afirmación de su fe particular por encima de la historia y la cultura.También fue una demostración de poder sobre el pueblo que vivía bajo la mirada de los budas: los hazara, habitantes de una aislada región de las mesetas centrales de Afganistán llamada Hazarayat, que es su tierra, aunque no enteramente por elección propia. Lea el artículo completo en la revista
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