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Arte sagrado de la India

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Arte sagrado de la India

Benoy K. Behl

Contenido del artículo

Pintores del siglo v crearon impresionantes murales en oscuras cuevas excavadas por el hombre en Ajanta. Las pinturas emergen a la luz gracias al trabajo del fotógrafo y cineasta indio Benoy Behl.

Por Tom O’Neill, Enero de 2008

La fascinación tiene muchas caras, pero pocas pueden compararse a la que fue pintada hace 1.500 años en la pared de una cueva de la India. Para poder verla, los ojos tienen que habituarse primero a la oscuridad. Pronto resulta imposible dejar de mirarla. La figura representa a un hombre con el pecho descubierto, tocado con una corona alta y sujetando una delicada flor de loto. El torso se curva, como balanceándose al son de una música que sólo él puede oír. El rostro es la viva imagen de la serenidad, con los ojos entreabiertos, los labios insinuando una leve sonrisa y todo su ser absorto en el más plácido de los sueños.Ese rostro ha irradiado serenidad desde el siglo v, cuando monjes budistas habitaron un conjunto de extraordinarios templos excavados en la roca de un abrupto acantilado en Ajanta, en el centro de la India. El nombre de la beatífica figura es Bodhisattva Padmapani, deidad budista que representa la compasión infinita. «Esa pintura es un espejo –me susurró mi anfitrión, el fotógrafo y cineasta indio Benoy Behl–. Nos muestra nuestra parte divina.»Para verla, Behl y yo salimos de Aurangabad, una ciudad de provincias al nordeste de Mumbai. Atravesamos campos de algodón, donde la tierra es negra como la tinta, sorteando a lo largo del camino algunas vacas con tintineantes cencerros y con los cuernos pintados de rojo y azul brillantes, y al cabo de una hora más o menos, nos detuvimos en un mirador sobre uno de los barrancos del río Waghora.Lea el artículo completo en la revista

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