Publicado: Agosto 2007
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Narvales, tras el marfil del Ártico
La realeza de la Edad Media ya codiciaba el largo colmillo de marfil de estos cetáceos. Aunque sólo los inuit tienen autorización para cazarlos, la creciente
Fotografías de Paul Nicklen
El regreso del narval es un acontecimiento que se espera con ansiedad en el Ártico canadiense. Tras meses de oscuridad y temperaturas de hasta -40 °C, el invierno cede paso a la primavera, y la banquisa que cubre el estrecho de Lancaster comienza a resquebrajarse. Los canales entre el hielo, tramos de aguas libres, se convierten en vías de circulación para estos pequeños cetáceos, que siguen la retirada de la banquisa hacia sus ancestrales áreas estivales en torno a la Tierra de Baffin. En las remotas localidades inuit, como Pond Inlet o Arctic Bay, la noticia de la llegada de los narvales impulsa a los cazadores a preparar sus fusiles y dirigirse al borde del hielo.Al igual que los inuit, yo también espero con ansiedad el regreso de los cetáceos de largos colmillos. Mi guía y yo llevamos casi todo el mes de junio acampados sobre la superficie helada de Admiralty Inlet, moviendo las tiendas para huir de la desintegración de la banquisa. Cuando por fin oímos sus chillidos y resoplidos, trepamos a un gran bloque de hielo y celebramos su llegada.Lea el artículo completo en la revista
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