Publicado: February 2007
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Desierto de Chihuahua, más allá del Big Bend
A caballo entre Texas y México, la región del Big Bend es rica en biodiversidad y pobre en huellas humanas. El lugar es tan indómito, que si algo no muerde o pincha, probablemente sea una roca.
Por Joe Nick Patoski
Fotografías de Jack Dykinga
Uno es consciente de que ha llegado al corazón del desierto de Chihuahua cuando tiene la sensación de haber caído desde el borde de la Tierra por la madriguera del conejo de Alicia en el país de las maravillas. Aquí nada es lo que parece. Las polillas son del tamaño de los colibríes. ¿Están esas dos columnas gemelas de roca ígnea negra (un lugar llamado Mule Ears Peaks) a 10 o a 50 kilómetros? La visibilidad supera los 160 kilómetros en un día despejado, y como hay pocas carreteras o edificios que puedan servir de hitos, es difícil calibrar la distancia. Un oso negro vaga por los elevados cañones desérticos, eligiendo su ruta entre yucas y nopales, ajeno a la aparente incongruidad de su presencia en este paraje. Pero no importa: no hay nadie cerca para advertirla.Cuenta la leyenda que Dios, tras crear el mundo, vertió las sobras en este gigantesco cajón de arena, y que el diablo vive confinado en una cueva de la margen meridional del río Bravo del Norte (llamado Rio Grande en el lado estadounidense). Aquí el agua fluye monte arriba, y son los arcos iris los que tienen que esperar la lluvia. La línea que separa mito y realidad es difusa. Si nos detenemos a observar los montes Chisos o la sierra del Carmen, las dos cordilleras conocidas como «islas celestes» que delimitan el territorio, las veremos levitar sobre la llanura... sin haber probado una gota de tequila.Lea el artículo completo en la revista
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