Publicado: June 2006
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Fútbol, el deporte que une al mundo
Con motivo de la Copa del Mundo de fútbol que se celebra este mes en Alemania, analizamos desde diversas perspectivas el «juego bonito» de Pelé, el deporte más universal del planeta.
Esto de ser un seguidor estadounidense de la Copa del Mundo de fútbol tiene muchas cosas bonitas, y la primera de todas es la ignorancia. La sociedad en la que te criaste no se reunía cada cuatro años delante del televisor durante un mes entero, conteniendo la respiración. Tu país nunca ha ganado. Puedes elegir la selección nacional que más te guste y animarla sin avergonzarte ni temer represalias. No tienes que respetar fidelidades tribales indeseadas pero ineludibles, inculcadas por tus compatriotas locos por el fútbol. Eres un aficionado, en el sentido más puro de la palabra. Por lo tanto, con la celebración de la Copa del Mundo que tiene lugar este mes en Alemania, se abre ante ti un mes en el paraíso.Es mi caso. Quiero vivir el mundo del Mundial. No puedo resistirme a esas Naciones Unidas de la espectacularidad y la nobleza, al despliegue apolítico de emblemas nacionales, a la revelación de profundas debilidades humanas e inesperadas grandezas, ni al hecho de que países enteros salgan antes del trabajo o se despierten a las tres de la madrugada para ver a unos hombres corriendo detrás de un balón. Hay selecciones verdaderamente multirraciales, como las de Francia, Inglaterra o Estados Unidos, mientras que otras son enteramente rubias, asiáticas o latinoamericanas. Un vendedor de neumáticos eslovaco, un policía italiano o un pianista alemán una vez superadas las pruebas físicas oficiales se pluriemplearán como árbitros. Lea el artículo completo en la revista
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