Publicado: April 2006
Hemeroteca

Libélulas
Los rituales de cortejo y el apareamiento de estos deslumbrantes acróbatas aéreos parecen inofensivos, pero su juego amatorio revela una brutal historia de acoso sexual en constante evolución.
Por Jennifer Ackerman
Fotografías de József L. Szentpéteri
Quizás hayáis visto sus piruetas en un lánguido día de verano: en los cañaverales que hay a orillas de un estanque, una impetuosa libélula longipennis persiguiendo a una hembra como si fueran dos relámpagos en miniatura. O un ejemplar de cola puntiaguda zambulléndose, exhibiendo sus sutiles alas para luego, de repente, encontrar pareja y ascender con ella hacia el éter. O un par de brillantes ésnidos verdes, enlazados como si fueran uno solo y suspendidos sobre las oscuras aguas, la hembra a remolque del macho, avanzando como una flecha y retrocediendo, para al fin subir en perfecta vertical.Los rituales de cortejo y el sexo de las libélulas parecen inofensivos, incluso románticos. Pero lo cierto es que su juego amatorio revela una escabrosa historia de acoso sexual. Tomemos como ejemplo a Calopteryx splendens. Algunos machos prescinden del cortejo y directamente atrapan a las incautas hembras incluso a las inmaduras, las que apenas han salido de la fase larvaria cuando éstas están calentándose al sol. Otros, llamados «ladrones», atacan y separan a las parejas en pleno apareamiento, embistiendo y mordiendo; y otros, los «acechadores acuáticos», agarran a la hembra mientras pone los huevos, aunque muera ahogada antes de terminar. Lea el artículo completo en la revista
Facebook
Meneame
ImprimirEnviar a un amigo