Publicado: November 2005
Hemeroteca

Otoño en el parque de Acadia
Desde campesinos hasta la familia Rockefeller, son muchas y muy diversas las personas que han creado este parque de Maine. Sin sus aportaciones y su trabajo desinteresado, tal vez hoy sería imposible gozar de las bellezas de este lugar y vivir la experiencia única de contemplarlo bajo su paleta otoñal.
Por John G. Mitchell Fotografías de Michael Melford
Fotografías de Michael Melford
Acadia y yo tenemos a nuestras espaldas una larga relación, de medio siglo o incluso más. Durante mi primera visita me dio un susto de muerte, a mí, el habitante de las llanuras, que una mañana de niebla, en el sendero más escarpado del parque, cometió la imprudencia de no tener en cuenta su aguda acrofobia. Después, ya en terreno más seguro, me sedujo con sus bosques multicolores, sus centelleantes lagos y los salientes batidos por las olas; de modo que, en el transcurso de los años, volví una y otra vez en busca de sus rincones secretos y sus vistas panorámicas. Si le das la oportunidad, Acadia te atrapará también a ti. Y ándate con cuidado, en particular, si, a tu llegada, la incandescencia otoñal comienza a encender las lomas y los valles del Parque Nacional de Acadia.Enclavado en la isla Mount Desert, en el estado de Maine, unos 320 kilómetros por aire al nordeste de Boston, Acadia es, con sus 19.000 hectáreas, uno de los parques nacionales más pequeños de Estados Unidos, pero figura entre los más visitados. Comprende pequeñas zonas exteriores a la isla, como los salientes graníticos de la península de Schoodic, al otro lado de la bahía de Frenchman, y una serie de islas costaneras de menor tamaño, principalmente la Isle au Haut, en el golfo de Maine; pero es en Mount Desert, unida a tierra firme por una carretera elevada, donde podemos hallar las emociones más fuertes.Lea el artículo completo en la revista
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