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Publicado: October 2005

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Elefantes de Thailandia

Elefantes de Thailandia

Antaño habitantes de los bosques y luego nobles bestias de trabajo, los 3.000 elefantes domesticados que hoy quedan en Thailandia se han convertido en triste atracción turística. Duramente tratados por algunos cuidadores, estos gigantes domésticos pasan sus días paseando a los turistas y participando en espectáculos para arrancar unas monedas a los transeúntes.

Por Douglas H. Chadwick
Fotografías de William Albert Allard

En las montañas del norte de Thailandia, dos hembras de carácter resuelto comparten una cabaña construida sobre unos pilares en el bosque. Una de ellas, llamada Jokia, tiene 42 años y pesa tres toneladas; la otra, que responde al nombre de Sangduen, también está en la cuarentena y pesa 39 kilos. Una elefanta y una mujer cuyas vidas se han unido. A la hora de las comidas, Jokia, instalada en la parte de abajo, levanta su enorme «nariz», que serpentea por el suelo de bambú como una pitón hasta que Sangduen le da unas verduras o un poco de fruta. Antes de conocerse, Jokia había trabajado en una explotación maderera ilegal. Obligada a arrastrar troncos a todas horas pese a estar preñada, escalaba fatigosamente las empinadas laderas llevando pesadas cargas hasta que sufrió un aborto y se declaró en huelga. Su cuidador, o mahout, empezó a dispararle con una honda para ponerla de nuevo en acción. Un día erró el tiro y la dejó ciega del ojo izquierdo. Su ansiedad se agravó. Cuando su propietario acudió a resolver la situación, ella le rompió el brazo con una sacudida de la trompa. Como represalia, el hombre le clavó una flecha en el ojo sano y luego la puso a trabajar encadenada, forzándola a acarrear entre tinieblas la teca recién cortada.En una visita a la explotación, Sangduen vio cómo Jokia era azotada por chocar contra los árboles. Al conocer su historia, supo que no pararía hasta reunir el dinero necesario para comprarla. Lea el artículo completo en la revista


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