Publicado: September 2005
Hemeroteca

Nairobi
Los casi tres millones de habitantes de la capital de Kenya, una bulliciosa urbe en expansión, están remodelando una ciudad única donde la gente encuentra nuevas formas de sobrevivir y prosperar.
Por Binyavanga Wainaina
Fotografías de David Alan Harvey
Para los que intentan entenderla, Nairobi puede ser una ciudad muy escurridiza. Regresé hace cuatro años, después de vivir un decenio en Sudáfrica. Mi madre acababa de morir, y yo estaba cansado de estar lejos de casa. Pero la adaptación fue difícil. Me encontré viviendo al borde de Mlango Kubwa, una barriada pobre al este de la ciudad, en un hostal barato llamado Beverly Hills donde se alojaban universitarios y gente que empezaba a trabajar. La primera noche hubo una inundación, y cuando me desperté mi ordenador portátil flotaba en el agua.Poco a poco me fui enamorando de esta ciudad. Mlango Kubwa es puro movimiento: ríos de gente tratando de encontrar formas originales de sobrevivir y prosperar. Aquí nunca tienes la impresión de que haya instituciones fijas y arraigadas (con sus edificios y entidades jurídicas) en torno a las cuales se organice la gente. La organización de Mlango Kubwa se esconde en las continuas idas y venidas de sus habitantes para buscarse la vida a lo largo del día.En el Beverly Hills conocí a Mash (apócope de Macharia), quien me redescubrió Nairobi. Solíamos bajar juntos por la avenida Moi, la calle que conduce desde la parte internacional de Nairobi hasta la extensión indocumentada de toda ciudad africana en expansión: pequeñas construcciones ilegales frente a opacos rascacielos; tiendas de ropa usada y puestos de verduras raquíticas; tenderetes de madera en cuya trastienda se regatea el precio de la reparación de un reloj en dholuo, la lengua del lago Victoria; limpiabotas y zapateros remendones en busca de trabajo. Lea el artículo completo en la revista
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