Publicado: Agosto 2005
Hemeroteca

Medusas
Los bañistas de las playas australianas están hoy algo más a salvo de una medusa letal gracias al investigador Jamie Seymour.
Por John L. Eliot
Fotografías de Paul A. Sutherland
Hace dos años Jareed Crook estaba nadando en la playa de Mission Beach, en Queensland, cuando de repente dio un grito. Su abuelo lo sacó enseguida del agua, pero el niño, de siete años, se desplomó retorciéndose de dolor. Al cabo de una hora fallecía a causa de un paro cardíaco, convirtiéndose en la última víctima mortal conocida del veneno de una cubomedusa.Llamadas avispas de mar por los australianos, estas asesinas han cautivado a Jamie Seymour, ecólogo de la Universidad James Cook en Cairns. Su interés va más allá de lo académico: es un asunto de vida o muerte. Para proteger a los bañistas de las cubomedusas, Seymour estudia sus desplazamientos mediante dispositivos sónicos. Pero, ¿cómo fijarlos en una bola de gelatina? Seymour, el primero en marcar a estos animales, usa transmisores ultrasónicos de 4 centímetros de largo por 12 milímetros de diámetro y los pega a las umbrelas de las medusas con un superpegamento no tóxico. La solución no es perfecta: sólo siete intentos han tenido éxito desde que Seymour inició el trabajo en 1999, y los transmisores se mantuvieron en posición menos de dos días. Pero él no se desanima y ahora está desarrollando un sistema para fijar los dispositivos dentro de la umbrela, de donde es menos probable que se desprendan.Lea el artículo completo en la revista
Facebook
Meneame
ImprimirEnviar a un amigo
Publicidad