Publicado: June 2005
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Los csángós de Rumania
La geografía y la política han aislado a este pueblo ancestral durante siglos. Descendientes de Atila, según aseguran ellos mismos, los csángós luchan por preservar las tradiciones y el estilo de vida de sus antepasados, los nómadas asiáticos.
Por Frank Viviano
Fotografías de Tomasz Tomaszewski
Bibi Koszan era una hechicera, una adivina, una bruja con poderes de 23 años de edad, además de católica ferviente. El día de nuestro encuentro en el pueblo de Arini, al final de un accidentado camino de mulas en la región oriental rumana de Moldavia, se sentó bajo un cuadro de la Última Cena y, balanceándose hacia adelante y hacia atrás, entró en trance mientras extendía sobre una mesa 41 granos de maíz y los ordenaba en hileras.Su hijo de cuatro meses nos miraba desde una cuna de paja, balbuceando sonidos de ánimo. «Aquí está el extraño salmodió Bibi, agitando una mano sobre cada una de las hileras de maíz. Éste es tu corazón, y ésa es tu casa.»Había robado sus secretos a una bruja de más edad, fingiendo ser una clienta normal mientras memorizaba los encantamientos y rituales de magia blanca. «El robo es el único medio, el método de nuestros ancestros, para adquirir los poderes», me contó.A continuación prosiguió leyéndome el porvenir en los 41 granos de maíz. Los detalles, que me abstendré de repetir, fueron tan enigmáticos como el pueblo de Bibi, una antigua tribu de espíritu inquieto conocida por el nombre de csángós, que significa algo así como «los vagabundos».Según cuentan los propios csángós, son herederos por línea directa de Atila el huno, un vínculo con la ascendencia nómada de casi todos los habitantes de Europa, una ventana abierta a los orígenes asiáticos de la que ahora denominamos civilización occidental.Lea el artículo completo en la revista
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