Publicado: May 2005
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Abydos, cuna de faraones
Un equipo de arqueólogos ha hecho descubrimientos sorprendentes en la necrópolis de los primeros reyes de Egipto. Los nuevos hallazgos demuestran que los sacrificios humanos contribuyeron a poblar la ciudad real de los muertos.
Por John Galvin
Fotografías de Kenneth Garrett
El rey Aha*, «el Combatiente», no fue asesinado mientras intentaba unificar los dos reinos del Nilo en conflicto, ni tampoco mientras erigía la capital de Menfis. Cuenta la leyenda que el primer gobernante del Egipto unificado murió en un accidente de caza tras un reinado de 62 años, atropellado por un hipopótamo enfurecido. La noticia de su fallecimiento suscitó otro tipo de terror entre sus colaboradores. Para muchos, el honor de servir al monarca en vida era la antesala de la dudosa distinción de servirlo en la muerte.El día del entierro de Aha, una procesión solemne atravesó los sagrados confines de Abydos, la necrópolis de los primeros reyes de Egipto. Encabezada por sacerdotes, en la comitiva fúnebre estaba la familia real, el visir, el tesorero, funcionarios de la administración y el comercio, recaudadores de impuestos y Yer, el sucesor del monarca. Al franquear las puertas de la ciudad, la procesión se detuvo ante una estructura monumental con imponentes muros de ladrillos. En su interior los sacerdotes avanzaron entre una nube de incienso hasta una pequeña capilla, donde efectuaron los ritos secretos que asegurarían la inmortalidad a Aha.Fuera, alrededor de los muros del recinto, había seis tumbas abiertas. En un acto final de devoción, o de imposición, seis personas fueron envenenadas y enterradas con vino y comida para la otra vida. Lea el artículo completo en la revista
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