Publicado: December 2004
Hemeroteca

Tesoros perdidos de Afganistán
El fabuloso oro bactriano ha podido ser recuperado, pero otras antigüedades están desapareciendo rápidamente de Afganistán. Con el país destrozado tras décadas de inestabilidad y conflictos, ¿podrá su pasado formar parte de su futuro?
Por Andrew Lawler
Fotografías de Kenneth Garrett
Temía por su vida, y todo porque encontró una lápida grabada cerca de su pueblo. Mohamed Mokhtar Ahmadi había desafiado la demanda de un señor de la guerra para que le entregase el valioso objeto, por lo que ahora se escondía en Kabul, sin atreverse a volver a casa. «Dondequiera que vaya, tengo miedo de que me maten, ¡sí, que me maten!», exclamó mientras sorteábamos el tráfico urbano de coches con bocinas estridentes, camiones desvencijados, carretas de asnos y audaces peatones. Las desventuras de Ahmadi empezaron en 1995, cuando su hermano y él hallaron casualmente los restos de un antiguo templete budista cerca de la pequeña localidad de Tangisafedak. En su interior hallaron una caja de piedra con un libro, monedas de oro y una gema; una de las paredes exteriores tenía una inscripción con extraños caracteres. La noticia del hallazgo se difundió, y los soldados fieles al señor de la guerra local, Abdul Karim Khalili, se llevaron la caja y su contenido. La inscripción fue retirada de la pared y Ahmadi, que era una de las autoridades del pueblo, la guardó para su custodia. En 2002 Khalili se había convertido en vicepresidente del Afganistán postalibán, y su milicia privada fue a reclamar la lápida. Ahmadi no cedió hasta que los soldados aceptaron extenderle un recibo. Luego se desplazó sin tardanza a Kabul para notificar el incidente al Ministerio de Información y Cultura. Lea el artículo completo en la revista.
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