Publicado: Octubre 2004
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Las cuatro estaciones del zorro ártico
Viajero errante del lejano Norte, este merodeador recorre vastas extensiones, adaptándose al ritmo de las estaciones y a los períodos de abundancia y escasez.
Por John L. Eliot
Fotografías de Norbert Rosing
Si un cuervo arroja un hueso sobre el hielo, o los aromas procedentes de la tienda donde cocina un cazador flotan en el aire desde un kilómetro de distancia, pronto aparece una pequeña sombra blanca dispuesta a investigar: un zorro ártico. Cerca de la bahía de Hudson, el curioso hocico de un zorro asoma tras una afilada arista de hielo (abajo). «Es el más amigable y el más confiado de los zorros de América del Norte, aunque se le califica [
] de atrevido», escribe el naturalista Barry López.En invierno, estos pequeños zorros recorren áreas enormes en busca de roedores o de cadáveres de mamíferos. Algunos atraviesan más de mil kilómetros de banquisa con temperaturas de 40 grados bajo cero. La especie se extendió en el Ártico a finales del último período interglacial, hace unos 120.000 años. La evolución los dotó de hocico corto, orejas pequeñas y un tupido manto. Sus pies están cubiertos de pelo, como las liebres, de ahí su nombre científico, Alopex lagopus, «zorro de pies de liebre».Lea el artículo completo en la revista.
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