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Publicado: Septiembre 2004

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La ferocidad de los rateles

La ferocidad de los rateles

Llamados también tejones mieleros, estos carnívoros del desierto de Kalahari son considerados el paradigma de la ferocidad. Cazadores implacables, su fama esconde en realidad la necesidad de una adaptación eficaz a unas condiciones de vida extremas.

Fotografías de Colleen / Keith Begg

Cuando el crepúsculo alivia el calor en el desierto de Kalahari, una hembra de ratel sale con su cría en busca de comida; son dos de las decenas de rateles cuyas costumbres hemos documentado durante casi cuatro años. Con el apoyo del Instituto de Investigación sobre Mamíferos de la Universidad de Pretoria, y del Trust para la Fauna Amenazada, establecimos un área de estudio de 1.500 kilómetros cuadrados en el Parque Transfronterizo Kgalagadi (gestionado por Sudáfrica y Botswana) y pasamos casi 6.000 horas observando a los rateles en libertad. Los vimos enfrentarse a sus enemigos, aparearse, criar a su prole y cazar todo tipo de presas, desde insectos hasta reptiles y roedores.Los rateles son famosos por su dureza, pero hemos descubierto que no son indestructibles. Leones y leopardos los cazan habitualmente. Su costumbre de saquear colmenas para alimentarse de miel (de ahí el otro nombre con el que se les conoce, tejón mielero) los enfrenta con los apicultores, que a veces les disparan, les ponen trampas o los envenenan. Las hembras tienen una sola cría en cada parto –no una camada múltiple como se creía–, y aunque los cuidados maternos se prolongan durante más de un año, la mitad de las crías sucumbe a los depredadores o muere de inanición antes de independizarse.Lea el artículo completo en la revista.


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