Publicado: June 2004
Hemeroteca

Parque Nacional de los Badlands
Los inhóspitos cerros y las praderas azotadas por el viento de los Badlands de Dakota del Sur son más generosos de lo que podría esperarse por su nombre, «tierras malas», pues dan sustento a bisontes y aves, y albergan gran cantidad de fósiles a los que los coleccionistas ilegales no se pueden resistir.
Por John L. Eliot
Fotografías de Annie Griffiths Belt
Un cartel que reza «comida casera», situado en el borde de una carretera de grava del sudoeste de Dakota del Sur, hace que me detenga. El letrero conduce hasta el Cuny Table Cafe, un local con dos mesas rectangulares y una redonda. Nellie Cuny y su hermana se ocupan de la cocina. Marvin, el hijo de 61 años de Nellie, se encarga sobre todo de hablar, y me ofrece ir a dar un paseo por sus extensas tierras.En su camioneta, con la tracción a las cuatro ruedas, viajamos trastabillando durante horas por la Cuny Table, la meseta donde su familia ha criado caballos y ganado vacuno durante más de cien años. Los Cuny se han quedado porque esta tierra es muy valiosa: bucloe, pascópiro y grama, todos los componentes de una pradería mixta.Marvin conduce despacio por los pastos ondulantes mientras varias de sus yeguas y potros se acercan sigilosamente. Nos detenemos. Como saben que la camioneta suele llevarles forraje, algunos apoyan el hocico en el capó.Pero la tierra no sólo beneficia al ganado. Por encima de nosotros gorjean zarapitos americanos (unos correlimos enormes). Los ciervos mulos alzan la cabeza, todo orejas, y media docena de berrendos nos observan. De repente, dos de ellos huyen despavoridos. Con las patas ocultas entre la hierba, sus cuerpos tostados y blancos se vuelven borrosos.Lea el artículo completo en la revista.
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