Frente a la costa de California, oculto por las aguas del océano, hay un cañón submarino de 160 kilómetros de longitud y más de 3.200 metros de profundidad. Tiburón, un sumergible teledirigido, cargado de cámaras, equipos de teledetección e instrumentos para recoger muestras, permite a un grupo de científicos acceder a sus oscuras profundidades para descubrir las más extrañas criaturas, un auténtico bestiario jamás imaginado.
Por Virginia Morell, Junio de 2004
«Bien, aquí está nuestro misterioso molusco.» Bruce Robison se inclina hacia el monitor en color. Una criatura fantasmal que parece un cruce entre un megáfono y una mano flota en la pantalla. Los blandos y ovalados bordes de su megáfono se enrollan y desenrollan, mientras la mano se mueve arriba y abajo de forma lenta y rítmica.El animal no se asemeja lo más mínimo a un molusco típico: un organismo como un caracol, una ostra o un mejillón, con una concha firme que protege su blando cuerpo, y que se desplaza sobre un único pie parecido a una vaina. Éste nada libremente en las profundas y oscuras aguas del cañón de Monterey, frente a la costa de California, a más de 2.500 metros de profundidad, aunque la palabra «nadar» no describe del todo los movimientos etéreos de esta criatura.Durante un momento hay silencio en la sala de control del Western Flyer, el buque de investigación con tecnología punta del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey, donde Robison, el jefe científico, está sentado junto a sus colegas oceanógrafos observando atentamente la imagen del molusco en los monitores en color del Flyer. Sólo se oye el susurrante sonido del océano que se agita contra el barco y, como un débil eco, la respiración de los científicos.Lea el artículo completo en la revista.