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Bueyes almizcleros

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Bueyes almizcleros

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Cazados hasta casi la extinción por su carne y su lana, los «barbudos», como llaman los inuit a estos rumiantes, vuelven a medrar en la helada tundra del Ártico.

Abril de 2002

El otoño se insinúa y la tundra se extiende vasta y llana, en apariencia carente de vida salvo por los tenaces bueyes almizcleros que escarban la nieve en busca de juncos para comer. Ovibos moschatus, un rumiante del Ártico que coexistió con mastodontes y mamuts y resistió las glaciaciones del pleistoceno (hace entre 1.600.000 y 10.000 años), sobrevivió en refugios dispersos a los primeros cazadores y a los cambios climáticos que llevaron a muchos mamíferos a la extinción. Objeto de una caza excesiva, por su carne y por su lana, y porque se mataba a los adultos para capturar a las crías destinadas a los zoológicos, a punto estuvo de desaparecer de América del Norte hace un siglo. Desde entonces, los esfuerzos de protección han hecho posible que la población de O. moschatus se restablezca, y actualmente sólo en la isla Victoria viven más de 60.000 ejemplares. Para huir del sombrío invierno, pasé cuatro meses –a lo largo de dos años– en Cambridge Bay, 286 kilómetros por encima del círculo polar Ártico. Guiado por los inuit, observé y fotografié estas reses curtidas.Lea el artículo completo en la revista.

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