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Sydney

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Sydney

Annie Griffiths Belt

Contenido del artículo

Cuando los Juegos Olímpicos de Verano atraigan la atención sobre esta ciudad australiana, obtendrá la medalla de oro en presentación, originalidad y gusto por la vida.

Por Bill Bryson, Agosto de 2000

Entre finales de los años cincuenta y principios de los setenta, en Sydney, Australia, ocurrió algo extraordinario. La ciudad descubrió su puerto. Por supuesto, todos sabían desde hacía tiempo que en el centro de la ciudad había 55 kilómetros cuadrados de aguas profundas y aprovechables, pero a nadie se le ocurría que aquella especie de fiordos tuvieran algún potencial como lugar para el ocio. "En realidad, no era más que una especie de obstáculo, algo que había que cruzar para ir de un lado a otro de la ciudad", recordaba Deirdre Macken, una periodista de Sydney y vieja amiga, al evocar su infancia en la ciudad durante los años sesenta. "Algunos navegaban en esas aguas, y había varias playas pequeñas diseminadas, pero en general no se iba por puro placer. Simplemente estaba allí."Después, una tras otra, Sydney fue descubriendo muchas cosas que simplemente estaban allí: parques amplios y agradables, barrios que parecían barrios de verdad, kilómetros de playas oceánicas maravillosas y una población multicultural. No es que estas cosas hubieran escapado del todo a la atención de la gente, pero nadie se había dado cuenta de que tenían una cualidad común: si se tomaban en conjunto tenían la capacidad de hacer de Sydney una de las ciudades más atractivas y habitables del mundo.Lea el artículo completo en la revista.

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