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Cuba

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Cuba

David Alan Harvey

Contenido del artículo

La Revolución cubana envejece, tal vez se suaviza, pero sigue dominando en esta nación caribeña. Dispuestos como siempre a resaltar sus logros bajo el socialismo, los cubanos reconocen ahora el poder creciente del dólar en su país.

Por John J. Putman, Junio de 1999

El sendero de montaña era resbaladizo y accidentado, con rocas, lluvia y barro. Me introdujo en un mundo fresco, brumoso, muy diferente de las llanuras bañadas por el sol que se extendían a mis pies. Este camino conducía a La Plata, el campamento de montaña donde, en 1958, Fidel Castro planeó los últimos ataques guerrilleros contra el ejército del presidente Fulgencio Batista.Me acompañaba Rubén Araujo Torres, de 60 años, un hombre bajito y fornido con el sombrero de paja campesino. En su día se había unido a la causa de Castro, cogiendo medicamentos y jabón de escondites secretos, canjeándolos por comida a los campesinos y llevando luego las provisiones a la guerrilla en su aguilera. "Era peligroso. Había soldados por todas partes." Le pregunté por qué se había unido a Castro. "Unos amigos me dijeron: “Vamos, ven con nosotros”. Sabía que los otros tipos se dedicaban a incendiar y matar, así que les seguí." Rubén acabó en el bando vencedor; desde estas montañas, la sierra Maestra, Castro y sus combatientes quebraron el ánimo del ejército de Batista.Lea el artículo completo en la revista.

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