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La era de los cometas

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La era de los cometas

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Con sus colas extendidas por los cielos, estos visitantes cósmicos conservan restos del primitivo sistema solar.

Por William R. Newcott, Diciembre de 1997

Un viento de 80 kilómetros por hora azotaba las cúpulas de los telescopios instalados en al cima del Kitt Peak, en Arizona. Unos pocos metros más abajo, dándole al crepúsculo un tono grisáceo, se deslizaba un río de nubes que habían estado subiendo y bajando todo el día. Y allá en lo alto, el cometa Hale-Bopp suspendido en el aire, con su cola algo curvada como si el viento le soplara de costado.Una a una, las estrellas iban centelleando en el cielo que oscurecía. En las cúpulas, los astrónomos rezaban para que la velocidad del viento disminuyese por debajo de los 65 kilómetros por hora, punto en el que podrían abrir las puertas correderas y empezar a trabajar. El cielo adquirió un color añil. Después, negro. Visto desde la cumbre, a 2.095 metros por encima del desierto de Sonora, en Arizona, la brillante cola de polvo del Hale-Bopp, acompañada por otra más apagada y de un azul casi transparente, parecía crecer gradualmente.El Hale-Bopp, uno de los cometas más brillantes que se han observado, había sido visible durante meses desde cualquier lugar de Manhattan, a pesar de la contaminación lumínica. Pero aquí, en una noche sin luna, el Hale-Bopp se podía ver en toda su extensión, como un ligero y delicado velo.Lea el artículo completo en la revista.

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